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Taghazout, entre el surfing y el business

Yassin, un árabe de Casablanca que ahora vive en Taghazout (Marruecos), se levanta todos los días a las 8 de la mañana, recorre unos 10 kilómetros en autobús y prepara el desayuno para un grupo de turistas, después la comida y más tarde la cena, descansa un día a la semana y cobra 250 euros al mes. El instructor de surf que trabaja en el mismo hotel para surferos es inglés, cobra un poco menos, incluido comida y cama: 200 euros al mes, pero la chica que limpia cobra todavía menos. Aunque lo más importante es que cada turista está pagando por comida, cama y trasporte a las distintas playas, por semana, unos 350 euros. Los dueños del surf camp donde trabaja Yassin el cocinero son extranjeros con socios árabes, al igual que en casi todos los surf camp de Taghazout. Un negocio legal, y a veces clandestino, que suma por la zona una veintena de hoteles surferos, negocios que consisten en acoger a grupos de jóvenes venidos de todas partes del mundo, muchos de ellos franceses, para surfear olas perfectas con poca gente en el agua, todo ello por poco dinero.

Sin tener en cuenta que en Marruecos hay otras muchas zonas de surf, como Essaouira o Kenitra, en las que también se surfea, asombra que durante una semana haya surf Camp en Taghazout que absorben hasta 35 personas por semana. Los meses con mayor ocupación son los tres últimos del año, en los que el buen tiempo y las olas son óptimos. La gran pregunta, además de saber quién es tío que grita por un megáfono en árabe en mitad de la noche hasta despertarte, es cómo consiguen los clientes. Hay varias formas, las páginas Web, flayers repartidos en bares de conocidos, agencias de viajes… es por ello que los contactos de los dueños extranjeros son bien apreciados por sus socios árabes. Respondida esta pregunta, explicar que el hombre que grita en mitad en la noche a través de un megáfono es el que llama a la oración cinco veces cada día: una a media noche, otra antes del amanecer y otro al amanecer, las otras dos no son tan importantes para quienes no son árabes, por que son las tres primeras las que te despiertan en mitad de la noche, la llamada a la oración suele ser muy insistente.

Taghazout está a unos 15 kilómetros de Agadir, ciudad del sur de Marruecos que sufrió un terremoto hace más de 50 años que la hace bastante nueva hoy en día. Además, es el segundo puerto pesquero más importante marroquí. Muy cerca, en Taghazout, un floreciente mercado hotelero del surf ha cambiado el pueblo, antiguamente sólo pesquero. Al entrar en el pueblo, nos cruzamos un árabe mayor con una chilaba, al girarnos y ver su espalda vemos que tiene dibujado un surfero en su espalda, miramos al frente y vemos que la calle principal es un conglomerado de puestos árabes y tiendas de surf llevadas por lugareños. Una veintena de carteles anuncian Cybercafés, Surf camps, tiendas de surf, etc., inundan la calle principal, desde la que se llega a Hachs point, la playa del pueblo. Se llama así porque está a dos minutos andando de la calle principal y la gente que fuma muchos hachís está tan fumada que no suele ir más lejos para buscar olas.

El negocio del surf llegó a Marruecos hace varios años buscando playas con olas perfectas, nadie en el agua y precios bajísimos. Un ejemplo es Taghazout, aunque ahora hay cientos de surfistas en todas las playas, los precios ya son como en cualquier ciudad europea cuando los sueldos que pagan y los gastos son árabes. Alquilar una casa un mes puede costar unos 100 euros, en una zona normal, y un plato de comida de una especialidad marroquí dos euros.

Para encontrar alcohol en Marruecos todavía hay que ir a un gran supermercado en una enorme ciudad como Agadir y pasar por una caja especial para pagarlo. Que te asalte una prostituta pidiéndote 200 euros en mitad del McDonalds, puticlub que han improvisado, es un ejemplo más de una situación encubierta, aunque vendan McArabia. Incluso encontrar pizza con chorizo y jamón serrano sólo es posible en sitios para turistas. Pero una cosa es que los marroquíes tengan pocos medios y otra es que los extranjeros los traten como idiotas, porque además no es cierto, más bien son ellos quienes se aprovechan de los turistas. Sin olvidar que quienes van allí también intentas aprovecharse de los precios bajos y el regateo… Pero uno no sabe que está en Marruecos de verdad hasta que intenta surfear junto al castillo del Rey Hasan II y aparecen dos soldados que estaban camuflados, para decirte que te vayas porque si no tendrás muchos problemas…

Eso sí, las olas en Marruecos son perfectas. Los precios son caros, pero todavía no han llegado a ser demasiado altos. Las imágenes, los colores, el olor a tierra antigua, son tan intensos como los atardeceres. Los desiertos siguen estando desiertos y su color no ha cambiado, ni tampoco para el recuerdo de atravesar las dunas montado en camello, aunque el guía y el camello tengas ya las dunas hasta contadas. Los zocos, las tiendas, el té, el cous cous, la simplicidad en la mirada, la complejidad de un pueblo que vive de un turismo que ni lo entiende ni lo pretende. Marruecos es la última frontera entre las chilabas raídas y las miradas almendradas, entre los nuevos árabes europeos y las antenas parabólicas en cada tejado mirando al mundo.
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Etiquetas: surf, El, y, surfing, Taghazout, T
Dónde: Taghazout, Agadir (Marruecos)
Cuándo: 23/02/2009
Añadido: Hace 11 meses
Visualizaciones: 722
De: videonews24
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