La Semana Santa malagueña puede vivirse de muchas formas… Pero como sucede en cada lugar de España, tiene sus peculiaridades. El Viernes Santo es el día en el que las cofradías se visten de luto y proclaman la muerte de Jesucristo. Harto de comer torrijas, el postre típico de la semana, decidí irme por Málaga para ver qué ofrecía el día más triste de la Semana Santa. Me fui a las salidas del Traslado, El Descendimiento y busqué la procesión de los Dolores. Me encontré con saetas, en algunos momentos mucho silencio, como supuestamente tiene que vivirse este día, pero también me topé con gente que no vive este día con la misma intensidad ni la misma visión. Así, en una iglesia evangélica cercana a la Trinidad, las opiniones del Párroco eran bastante contrarias a la Semana Santa porque ellos no adoran imágenes o iconos. Hay también quienes piensan que es demasiado fervor religioso para un pueblo que creyente o no, cada vez va menos a la iglesia. Desde luego, todo se paraliza un poco cuando se vive la Semana Santa en Málaga y la ciudad se vuelve un hervidero, a veces difícil de soportar para los foráneos. La verdad, opiniones contrarias las hay, todas respetables, lo que obliga a pensar que el dinero que deja en la ciudad el turismo, permite y da de comer a muchas familias, creo yo lo más importante. Hoy en día, para muchos, sigue siendo un acto religioso, otros lo ven como un acto cultural y otros muchos creen que es sólo una semana de fiesta. Otro público muy distinto vive la fiesta de otra forma, como los jóvenes que hacen botellón en la céntrica Plaza de la Merced, donde ya no su pueden reunir los jóvenes para beber en las grandes fiestas de la capital. Pero que nadie se lleve a engaños, cada cual vive la Semana Santa a su manera… Junto a la Servita, la cofradía más seria de la Semana Santa, que salía ese día, en un bar cercano, proyectaban estas imágenes. Porque la final, todo esto no es más que una gran fiesta que cada cual vive a su manera y sin que nadie le obligue a ser creyente…
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